Ley de Bancarrota

Actualizado por Mairim Gomez | Revisado por Mariana Petersen, LLB | Última actualización 13 de diciembre de 2024

La bancarrota es una de las protecciones de las leyes federales más antiguas en los Estados Unidos. La primera ley de bancarrota se creó en el año 1800 y, si bien el proceso evolucionó mucho en los últimos dos siglos, sigue siendo esencial para la economía de los EE. UU.

La Ley de Bancarrota en Estados Unidos (también llamada Ley de Quiebras) proporciona un salvavidas o una segunda oportunidad (comúnmente llamado “fresh start”, en inglés) para que las personas y empresas con problemas financieros puedan obtener un alivio con sus deudas.

Dependiendo del tipo de quiebra que se elija, el proceso ayudará a los deudores con sus compromisos, bien sea liquidando los bienes existentes o estableciendo un plan de pagos razonable. Al hacerlo, el deudor puede cancelar gradualmente parte de la deuda, aunque para ello debe cumplir con una serie de requisitos.

Los tipos de bancarrota en Estados Unidos corresponden a capítulos del Código de Bancarrota (en inglés) específicos. Por ejemplo, las bancarrotas más comunes para individuos están señaladas en los capítulos 7 y 13 del Título 11.

Las pequeñas empresas estadounidenses pueden declararse en bancarrota comercial apegándose al Capítulo 11 (en inglés), mientras el Capítulo 12 (en inglés) se aplica a los agricultores y pescadores.

Antes de declararse en quiebra, debe elegir cuál capítulo es el más indicado para su caso en particular, hacer la solicitud ante los tribunales de bancarrota y esperar su aprobación.

¿Por qué es importante la bancarrota?

La bancarrota es importante porque le permite a individuos y empresas enfrentar problemas económicos y volver a encarrilarse tras conseguir un alivio financiero.

Una economía robusta depende de la capacidad de sus ciudadanos para obtener créditos, pagar sus préstamos, constituir empresas y adquirir bienes raíces. A una persona con deudas esto se le dificulta, si no es que le resulta completamente imposible.

Entre los principales beneficios de la bancarrota se encuentran:

  • Eliminación o reducción de deudas no garantizadas como tarjetas de crédito.
  • Protección legal a través de la “suspensión automática” que detiene el cobro de los acreedores.

Abrir un caso de bancarrota puede proporcionar determinadas protecciones, como detener de manera efectiva a los cobradores y demorar el proceso de embargo de los bienes. Sin embargo, recuerde que la bancarrota también tiene efectos negativos de largo plazo que debe considerar primero.

¿Cuándo declararse en bancarrota?

El momento de declararse en bancarrota va a depender de la situación financiera particular que afronta el deudor. En general, debe considerar:

El proceso de bancarrota no siempre es la mejor opción para aliviar la carga del deudor. Algunas deudas, como las vinculadas a la pensión alimenticia, préstamos estudiantiles, deudas tributarias y las relacionadas con sanciones penales, no pueden ser eliminadas a través de una declaración de quiebra.

Además, algunos acreedores pueden preparar planes de pago negociables, así que declararse en bancarrota no siempre es la única opción. En un escenario típico, el deudor se declarará en bancarrota después de haber agotado todas las opciones para mejorar su situación financiera.

Un escenario típico para la declaración de bancarrota es enfrentarse a posibles demandas, ejecuciones hipotecarias o embargos de salario por parte de un acreedor. Recuerde que cada tipo de bancarrota tiene sus propios requisitos de elegibilidad y los posibles declarantes deben determinar si cumplen con ellos.

Opciones de bancarrota para personas

El capítulo 7 y el capítulo 13 son los dos tipos de bancarrotas más comunes para personas:

  • El capítulo 7 establece la liquidación de algunos bienes personales no exentos.
  • El capítulo 13 establece la reorganización, permitiendo a los deudores conservar sus bienes, pero deben pagar una porción cuantificable de su deuda en un plazo de 3 a 5 años.

Capítulo 7

La bancarrota del capítulo 7 es una de las formas más comunes. Antes de iniciar una quiebra bajo el capítulo 7 se debe determinar la elegibilidad y cumplir con ciertos requisitos. La elegibilidad se determina en función del ingreso, para lo cual se utiliza como referencia el ingreso medio estatal.

Los deudores que ganan menos de la media estatal son elegibles, porque sus ingresos limitados le pueden impedir que cumplan con un plan de pago típico del capítulo 13. Los deudores que ganan más de la media estatal no pueden ser elegibles si tienen los medios para cumplir con sus obligaciones financieras.

Quienes se declaran en bancarrota en virtud del capítulo 7 deben:

  • proporcionar información financiera detallada, por ejemplo, datos de sus ingresos, declaraciones de impuestos, registros de deudas pendientes y gastos diarios detallados;
  • obtener asesoramiento crediticio (cursos) y comprobarlo ante el tribunal de quiebras durante el proceso legal de bancarrota.

Luego se venderán los bienes no exentos de los deudores elegibles y el producto de esa venta se distribuirá entre los acreedores que correspondan. Cuando el proceso de un caso del capítulo 7 finaliza, el deudor se libera de las deudas no aseguradas y renuncia a cualquier responsabilidad adicional que pueda tener por esas deudas.

Capítulo 13

Los casos de bancarrota en virtud del capítulo 13 tienen un proceso parecido a los del capítulo 7, con algunas diferencias. En general, el deudor debe:

  • obtener asesoramiento crediticio (cursos);
  • proporcionar a los tribunales registros financieros y de deuda detallados;
  • cumplir con determinados requisitos de elegibilidad;
  • tener el ingreso requerido para hacer pagos mensuales durante 3 a 5 años.

Además, este capítulo de bancarrota está sujeto a límites de deuda máxima para poder calificar.

Si bien los planes de pago generalmente duran entre 3 y 5 años, la mayoría de los cobros se detienen cuando se presenta la bancarrota conforme al capítulo 13. Esto incluye avisos de cobro, embargo de salarios, gravámenes bancarios e incluso algunas ejecuciones hipotecarias.

Capítulo 7 y Capítulo 13: diferencias claves

Los capítulos de bancarrota 7 y 13 tienen una marcada diferencia en la forma en que se otorgará el alivio financiero.

La bancarrota del Capítulo 7 se basa en la “liquidación” para vender varios de sus activos (salvo algunos bienes exentos) y pagar la mayor cantidad posible de sus deudas. La bancarrota del Capítulo 13, por su parte, establece un plan de reorganización; es decir, conservará sus activos, pero debe establecer planes de pago para ponerse al día con sus acreedores.

En cuanto al impacto en el informe crediticio, una bancarrota de capítulo 7 permanece hasta por diez años en el registro y una del Capítulo 13 por siete años.

Las solicitudes en virtud del Capítulo 7 y el Capítulo 13, aunque no son las únicas opciones, sí son las más comunes. La ley de quiebra es compleja, así como sus repercusiones. Si tiene dudas sobre cuál tipo de quiebra le conviene más, consulte con un abogado de bancarrota.

Las empresas y el Capítulo 11

La bancarrota del capítulo 11 es la forma más común para las pequeñas empresas. Si bien algunas personas físicas pueden usar el capítulo 11, la mayoría de los deudores individuales no cumplen con los requisitos de elegibilidad.

El capítulo 11 brinda la oportunidad a las empresas de reorganizar sus deudas, normalmente en un esfuerzo por mantener a la empresa en funcionamiento.

Esta es una de las formas más complejas de bancarrota y la empresa debe:

  • proponer un plan de reorganización detallado;
  • negociar el plan con sus acreedores.

Si no hay un acuerdo entre las partes con respecto al plan de reorganización, se puede pasar a la bancarrota según el capítulo 7 o abandonar el caso.

La declaración de quiebra, de acuerdo con el capítulo 11, ofrece a las empresas un nuevo comienzo, pero también puede dar lugar, al menos parcialmente, a la renuncia de la titularidad de los bienes ante los acreedores. Por lo tanto, los empresarios deben calcular los costos y los beneficios cuando consideren declararse en bancarrota.

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