¿Qué le corresponde a quién en la propiedad conyugal?

En los Estados Unidos lo que corresponde a cada persona en un matrimonio, después del divorcio o después de la muerte de uno de los cónyuges, depende de si la pareja vive en un estado que aplica el principio de división de bienes o uno que aplica el principio de comunidad de bienes.

Durante el matrimonio, estas clasificaciones pueden parecer triviales, pero en los desafortunados casos de divorcio o muerte, estos detalles cobran gran importancia.

Principio de separación de bienes

La mayoría de los estados aplican el principio de separación de bienes.

El término “separación de bienes” se usa para determinar la propiedad de los bienes conyugales (la propiedad adquirida durante el matrimonio).

El sistema de separación de bienes establece que las propiedades adquiridas por un miembro de una pareja casada pertenecen completa y exclusivamente a esa persona.

Por supuesto, si el título o la escritura de propiedad de un bien se pone a nombre de ambos cónyuges, esa propiedad pertenece a ambos. Si en el título de propiedad del bien figuran los nombres de ambos cónyuges, cada uno es dueño de la mitad de los intereses.

Por ejemplo, si la mujer compra un automóvil y lo pone a su nombre solamente, ese automóvil le pertenece únicamente a ella. Si la mujer compra un automóvil y lo pone a nombre de ella y de su esposo, el automóvil es propiedad conyugal.

Distribución de la propiedad en caso de muerte o separación

Cuando uno de los cónyuges fallece, sus propiedades independientes se distribuyen de acuerdo a su testamento o según lo establecido por las reglas de sucesión intestada.

La distribución de los bienes conyugales depende de cómo compartan la propiedad los esposos. Si tienen propiedades en “tenencia conjunta con derecho de supervivencia” o “tenencia indivisible”, la propiedad corresponde al cónyuge que sobreviva.

Este derecho es independiente de lo que establezca el testamento del cónyuge fallecido. No obstante, si la propiedad estaba clasificada como “tenencia en común”, puede corresponderle a otra persona que no sea el cónyuge superviviente, según lo establezca el testamento del cónyuge fallecido.

No todas las propiedades tienen un título o una escritura. En este caso, generalmente le corresponde a la persona que pagó la propiedad o la recibió como regalo.

Si la pareja se divorcia u obtiene una separación legal, el tribunal decidirá cómo se dividirán las propiedades conyugales. La pareja puede establecer un acuerdo antes del matrimonio, explicando cómo distribuir las propiedades conyugales después del divorcio.

Estados que aplican el principio de comunidad de bienes

Los estados que aplican el principio de bienes matrimoniales son: 

  • Louisiana
  • Arizona
  • California
  • Texas
  • Washington,
  • Idaho,
  • Nevada
  • Nuevo México
  • Wisconsin

Estos estados aplican un principio que establece que todas las propiedades adquiridas durante el matrimonio se consideran “bienes matrimoniales”.

Los bienes matrimoniales en estos estados son propiedad de ambos esposos, es decir por partes iguales (50/50).

Los bienes conyugales incluyen bienes raíces, ganancias, propiedades compradas con ganancias y las deudas contraídas durante el matrimonio.

Los bienes matrimoniales comienzan cuando se establece el matrimonio y terminan cuando la pareja se separa físicamente con la intención de no continuar el matrimonio. Por lo tanto, cualquier ganancia o deuda que se origine después de este momento se considerará propiedad individual.

Cualquier activo adquirido antes del matrimonio se considera propiedad individual y pertenece únicamente a su dueño original.

No obstante, un cónyuge puede transferir el título de cualquiera de sus propiedades individuales al otro cónyuge (como regalo) o a los bienes matrimoniales (nombrando al cónyuge interviniente en las cuentas bancarias).

Los cónyuges también pueden poner en común sus propiedades independientes con los bienes matrimoniales, por ejemplo, agregando fondos obtenidos antes del matrimonio a los fondos matrimoniales.

Los cónyuges no pueden transferir, alterar o eliminar ningún artículo que pertenezca a los bienes matrimoniales sin autorización del otro cónyuge.

Un cónyuge puede administrar su mitad como prefiera, pero la totalidad incluye la mitad correspondiente al otro cónyuge. En otras palabras, ese cónyuge no puede perder derecho a su mitad.

¿Qué incluyen las propiedades individuales?

  • Propiedades que pertenecían a un solo cónyuge antes del matrimonio.
  • Propiedades regaladas a un solo cónyuge antes o durante el matrimonio.
  • Propiedades heredadas por un solo cónyuge antes o durante el matrimonio.

¿Qué incluyen los bienes matrimoniales?

  • Dinero que ambos cónyuges ganaron durante el matrimonio.
  • Bienes adquiridos con el dinero que ambos cónyuges ganaron durante el matrimonio.
  • Propiedades independientes que se han mezclado tanto con los bienes matrimoniales que no pueden identificarse.

Ejemplo de bienes matrimoniales: los cónyuges llevan diez años de matrimonio. La mujer tiene una exitosa carrera como médico y usa sus ganancias para comprar un automóvil. Ese automóvil es bien matrimonial y pertenece al marido y a la mujer en igual medida.

Ejemplo de bienes individuales: el marido tiene un valioso mueble antiguo que adquirió antes del matrimonio. Esta antigüedad pertenece exclusivamente al marido, como propiedad individual. La antigüedad no es bien matrimonial porque se adquirió antes del matrimonio. Si el marido desea ceder a su cónyuge la mitad del interés en la antigüedad, puede hacerlo. A partir de ese momento, la antigüedad forma parte de los bienes matrimoniales.

Distribución de la propiedad en caso de muerte o separación: cuando uno de los cónyuges fallece, la mitad de los bienes matrimoniales pasa al cónyuge superviviente. Sus propiedades individuales pueden pasar a quien designen en su testamento o, de no haber uno, a quien designen las normas de sucesión intestada.

Muchos de los estados que aplican el principio de comunidad de bienes ofrecen una forma de propiedad denominada “bien matrimonial con derecho de supervivencia”. Según este principio, si una pareja tiene el título o la escritura de una propiedad, por lo general un inmueble, en caso de morir uno de los cónyuges, el título pasa automáticamente al cónyuge superviviente, a fin de evitar procedimientos jurídicos.

Si la pareja se divorcia u obtiene una separación legal, todos los bienes matrimoniales se dividen de forma equitativa. Las propiedades individuales de cada cónyuge se distribuyen a su propietario y no entran en la división de los bienes.

En ocasiones, ciertas circunstancias económicas ameritan la asignación de ciertos bienes a uno de los cónyuges en su totalidad, pero cada uno de ellos obtiene el 50% de todos los bienes matrimoniales, con relación al valor económico total. Esto es muy común en el caso de domicilios matrimoniales. Dado que no es posible dividir una casa por la mitad, con frecuencia el tribunal le asigna la casa a uno de los cónyuges y el otro recibe otros bienes por un valor equivalente a la mitad del valor de la casa.

Antes del matrimonio, la pareja puede haber establecido un acuerdo prenupcial que indique cómo deben dividirse los bienes matrimoniales en caso de divorcio.

Excepciones a la norma de distribución equitativa:

  • Si uno de los cónyuges toma posesión ilegítima del bien matrimonial, ya sea antes o durante un divorcio pendiente.
  • Si uno de los cónyuges tiene deudas estudiantiles. En caso de divorcio, a cada cónyuge le corresponden sus propias deudas estudiantiles.
  • Si uno de los cónyuges tiene responsabilidades civiles que NO son resultado de actividades a beneficio de los bienes matrimoniales.
  • Una restitución por lesiones personales es bien matrimonial mientras dura el matrimonio, pero después del divorcio pertenece al cónyuge lesionado.
  • El término “bienes negativos” hace referencia a una situación en la cual las deudas y responsabilidades matrimoniales superan los activos disponibles para cancelarlas. En este caso se considera la capacidad relativa de pagar la deuda de cada cónyuge. El objetivo es proteger a los acreedores.

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