Podcast Episodio 1: Divorciándose en los Estados Unidos

Por Jonathan Calvopina, MBA | Última actualización 9 de agosto de 2023

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Transcripción del episodio:

¡Este es el podcast de Abogado.com!

Aquí, te vamos a contar historias, experiencias de gente como tú y yo.

Te vamos a decir cómo la ley influye en tu vida

¡Y por qué es conveniente buscar representación legal!

Divorciándose en los Estados Unidos: Angel y Karla cuentan

El procedimiento para divorciarse en los EE. UU. puede ser muy diferente al empleado en otros países.

Todos sabemos que básicamente un divorcio es un proceso por medio del cual las personas casadas terminan legalmente el matrimonio.

Pero:

  • ¿Qué pasa si me casé en otro país y ahora quiero divorciarme?
  • ¿Necesito un motivo legal para pedir el divorcio?
  • ¿Qué pasa si mi pareja no quiere firmar el divorcio?
  • ¿Puedo perder mi residencia permanente si me divorcio?
  • ¿Me van a deportar?

¡Aquí vamos a responder a tus preguntas a través de las experiencias de otros inmigrantes que afrontaron un divorcio en los Estados Unidos!

Angel y Karla llegaron a los Estados Unidos en el año 2000, ambos provenientes de El Salvador y felizmente casados.

Angel es ciudadano estadounidense porque nació en los Estados Unidos, pero sus padres regresaron a El Salvador cuando él tenía cinco años.

Angel no conocía la cultura de los Estados Unidos ni su idioma, pero siempre había deseado mudarse allí, encontrar mejores condiciones laborales y poder estudiar en una universidad.

Karla pudo solicitar su residencia permanente como esposa de un ciudadano de los Estados Unidos. Sus trámites de inmigración salieron muy bien.

Karla estaba muy feliz y había encontrado un empleo en una firma de contadores donde le pagaban sus estudios.

Todo iba muy bien. Pero años después la relación de Karla y Angel ya no era la misma.

Ellos comenzaron a tener problemas de comunicación y Karla no se sentía preparada aun para tener hijos, a pesar de que Angel estaba listo para ser padre.

Estas diferencias y sus problemas particulares para adaptarse a sus nuevas vidas como inmigrantes deterioraron su matrimonio.

Karla tomó la iniciativa y decidió iniciar el divorcio.

Uno de los elementos particulares que descubrió Karla cuando buscó ayuda legal para solicitar el divorcio, es que las leyes estadounidenses que regulan el derecho de familia dependen de cada estado.

Y aunque a veces la mayoría de las jurisdicciones tienen aspectos comunes, el resultado final de un divorcio no es igual según el lugar donde se pida.

Después de consultar la ley de divorcio en su estado, lo primero que hizo Karla fue posponer su mudanza a otro estado, para no afectar su proceso de divorcio.

Habló con su empleador de la firma de contadores y le comunicó que no podía aceptar ese ascenso que le habían dado para iniciar operaciones en otro estado, hasta no haber concluido su divorcio.

Su jefe entendió y afortunadamente pudo empezar a trabajar en línea y vía teleconferencias.

Angel, por su parte, ¡no estaba muy convencido de darle el sí al divorcio!

Y pensó que, si Karla no tenía una causa válida para divorciarse, ella no podría continuar legalmente con la separación.

Sin embargo, Karla buscó un abogado y también consultó este detalle.

El abogado de Karla le explicó que en los EE. UU. no existen causas obligantes para solicitar el divorcio; es decir una persona no está forzada a permanecer casada si no tiene “una causa válida” para divorciarse, como pensaba Angel.

En la mayoría de los estados donde existe la figura del divorcio “sin culpa” una persona puede solicitar un divorcio simplemente por diferencias irreconciliables.

Entonces, Karla decidió incluir esa causa de divorcio en su petición de disolución matrimonial.

Karla preparó todos los documentos con su abogado y presentó la demanda de divorcio en la oficina correspondiente de su condado.

El abogado de Karla se aseguró que Angel recibiera una copia certificada.

Mientras avanzada el proceso de divorcio, Karla descubrió que estaba embarazada.

De inmediato se lo comunicó a Angel, pero también le aclaró que esta nueva adición no iba a cambiar su deseo de proseguir con el divorcio.

Angel, pensó lo contrario, y amenazó a Karla: Si continuaba con el divorcio ella podría perder su residencia permanente y ser deportada junto con su hijo.

Fue un momento muy duro para Karla y de mucha confusión.

Sus abogados le informaron que cuando un inmigrante y un ciudadano estadounidense residen en los Estados Unidos y tienen menos de dos años de casados, el cónyuge inmigrante, como Karla, recibe un estatus de residente permanente condicional.

Si la pareja continúa casada, el cónyuge inmigrante recibe la residencia permanente definitiva sin inconvenientes.

Los problemas surgen si la pareja se divorcia antes de los dos años de casados.

Karla podría ser deportada si no obtiene otras vías legales para extender su estadía en el país.

Ella pudo demostrar que contrajo matrimonio de buena fe y no por interés, y que la relación terminó debido a una causa ajena a ella.

También explicó que ella podría encarar dificultades extremas si resultaba deportada a su país de origen con su hijo.

El tribunal confirmó esta información, así como que ella y Angel vivieron en la misma residencia como pareja y adquirieron propiedades en conjunto.

Karla salvó su caso de inmigración y prosiguió con el divorcio.

Cuando Ángel vio que el divorcio era un proyecto inminente decidió contratar a su propio abogado.

Durante su primera consulta mostró a su abogado la demanda de divorcio que había recibido del abogado de Karla.

Ahora Ángel debía contestar la demanda de divorcio, para aceptar o refutar lo que allí se decía.

¡Ángel pudo comprender que resolver un divorcio en un juicio puede ser complicado!

Así que, su mejor opción era colaborar para lograr un acuerdo de divorcio con Karla y poder tener una relación sana con su hijo.

La mayoría de los casos de divorcio en los Estados Unidos se resuelven a través de un acuerdo de divorcio entre los cónyuges. Esto puede evitar que el caso de separación vaya a juicio y que además tarde más tiempo.

Los acuerdos se pueden lograr a través de negociaciones entre los cónyuges y con la ayuda de sus abogados.

Los procesos típicos que se usan para alcanzar un acuerdo de divorcio son la mediación, métodos de resolución de conflictos y el derecho colaborativo.

Luego el acuerdo se discute ante un juez del condado o distrito donde se introdujo la demanda de divorcio junto con los documentos necesarios.

Si el juez considera que el acuerdo fue negociado de manera justa y ambos cónyuges están de acuerdo, entonces podrá aprobar la propuesta y un decreto final para culminar la disolución del matrimonio.

El acuerdo de divorcio entre Ángel y Karla había prosperado gracias a la ayuda de sus abogados.

El embarazo de Karla iba muy bien, y pesar de las dificultades, ambos excónyuges tenían una relación cordial.

En su acuerdo de divorcio, también habían convenido cómo iba a ser la custodia del bebé, pagos de manutención y pensión conyugal.

Pero, surgió un nuevo elemento que cambió el curso del divorcio… nuevamente.

Karla supo que Ángel había tenido una relación fuera del matrimonio mientras estuvieron juntos como pareja.

Karla se sintió defraudada y presa de sus emociones e ira.

Entonces, ella decidió cambiar ciertos aspectos del divorcio.

Ella pensó que si alegaba infidelidad como la causa que deterioró el matrimonio, quizá Karla podría obtener ventajas de la división de bienes.

La infidelidad es un motivo de divorcio muy común.

De hecho, en los Estados Unidos, el adulterio es la segunda causa más frecuente para iniciar un proceso de divorcio. Alrededor del 59.6% de los individuos que se divorcian alegan infidelidad como un factor determinante.

Karla comprendió que la infidelidad no afecta la posibilidad de obtener un divorcio en los EE. UU.

Pero, la infidelidad sí puede afectar el resultado final de la sentencia de divorcio.

Es decir, cuando se presenta una demanda de divorcio en un estado que admite el divorcio con culpa, se debe comprobar que la infidelidad rompió su matrimonio y causó mucho daño a la relación.

Pero Karla no pudo defender su causa, ni lograr una mejor tajada de los bienes.

Así que Angel no salió comprometido con sus finanzas a pesar de haber cometido adulterio.

Angel y Karla culminaron su divorcio y cada uno siguió con el curso de sus destinos.

Ambos aprendieron que un divorcio en un país donde las leyes son muy diferentes al país de origen, y que además varían por estado puede resultar en estrés adicional.

Durante el proceso de divorcio es recomendable que cada miembro de la pareja sea representado por un abogado.

Aunque la ley de familia de los EE. UU. no obliga a ninguno de los cónyuges a contratar a un abogado para divorciarse, si es posible observar una diferencia importante con respecto al resultado final del caso.

Si enfrentas una disputa sobre un divorcio, que involucre la custodia de hijos menores de edad o el sustento de niños, la manutención del cónyuge, violencia doméstica, orden de protección, separación y división de bienes, entre otros problemas, es muy probable que vayas a necesitar ayuda legal.

Créditos

Equipo de relatores: Está conformado por personas de varios países de Latinoamérica (México, Ecuador, El Salvador, Colombia, Argentina y Puerto Rico).

Producción y dirección: Jonathan Calvopiña

Historia y guion: Gricel Bermúdez

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Este contenido es informativo y puede variar según las leyes de cada estado y las circunstancias del caso. Para obtener asesoría legal específica, es recomendable obtener la orientación de un profesional. Un abogado destacado en divorcio puede ayudarle a entender sus opciones y defender sus derechos. Dé el primer paso y comuníquese con un abogado con experiencia cerca de usted para analizar su situación.

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