En la cancha se ven los pingos… o no: Análisis legal de la polémica anulación de la tarjeta roja a Balogun
Por Kit Yona, M.A. | Adaptación al español por Mariana Petersen, LLB | Última actualización 5 de julio de 2026
Según Gianni Infantino, presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), el organismo rector de la Copa Mundial ha seguido cumpliendo su promesa de volverse más transparente y responsable. Sin embargo, los aficionados al fútbol fuera de Estados Unidos podrían pensar que, si Infantino continúa haciendo esas afirmaciones después de una decisión emitida el 5 de julio de 2026, él mismo merece una tarjeta roja.
Folarin Balogun, jugador de la Selección Masculina de Estados Unidos (USMNT), recibió una tarjeta roja por una falta durante el partido de los dieciseisavos de final de la Copa Mundial 2026 frente a Bosnia y Herzegovina la semana pasada. Como una expulsión con tarjeta roja conlleva automáticamente una suspensión de un partido —una medida disciplinaria de larga tradición—, se esperaba que se perdiera el próximo encuentro de octavos de final contra Bélgica. Sin embargo, la suspensión de un partido del delantero estadounidense fue convertida en un “período de prueba” de un año, lo que lo dejó habilitado para disputar el partido programado para hoy 6 de julio.
Entonces, ¿por qué aficionados de todo el mundo consideran injusta la inesperada eliminación de la sanción disciplinaria obligatoria derivada de la tarjeta roja de Balogun? Además de que la FIFA no ofreció ninguna explicación sobre la invocación del Artículo 27 de su Código Disciplinario (en inglés), también ha generado numerosas sospechas el hecho de que el presidente Donald Trump llamara a Infantino pocas horas después del encuentro para pedirle que “revisara la decisión” y, presuntamente, mencionara acusaciones no corroboradas de favoritismo en partidos anteriores disputados en Brasil con el árbitro del encuentro, Raphael Claus.
Poniendo en duda las políticas de “transparencia” de la FIFA, la Real Asociación Belga de Fútbol (RBFA), el seleccionador de Bélgica, Rudi García, y la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA) condenaron rápidamente la anulación de la sanción por la tarjeta roja (que, más que una anulación, parece un rodeo reglamentario). Argumentaron que la abierta amistad entre Trump e Infantino —incluida la creación de un “Premio de la Paz” de la FIFA otorgado al presidente estadounidense— contribuyó a una decisión parcial que, en la práctica, deja sin efecto la suspensión obligatoria.
Después de que la FIFA rechazara la apelación de Bélgica por considerarla “inadmisible” apenas unas horas antes del inicio del partido, todo indica que Balogun estará disponible para el entrenador de Estados Unidos, Mauricio Pochettino. Aunque una victoria sobre Bélgica permitiría al equipo estadounidense avanzar a los cuartos de final, para muchos aficionados ese triunfo podría quedar marcado con un enorme asterisco.
¿Quizás deberían considerar añadir una tarjeta naranja?
Fundada en 1904 para supervisar los partidos internacionales entre selecciones de ocho países europeos, la FIFA se ha convertido en la principal organización del fútbol internacional. Entre sus responsabilidades se encuentra la administración de todos los aspectos de la Copa Mundial, que se celebra cada cuatro años. Frecuentemente acusada de corrupción, intimidación y favoritismo, la FIFA ha ido incorporando una serie de nuevos reglamentos y políticas —como un portal jurídico— destinados a hacer a la organización más transparente, accesible y conforme con las normas. En su discurso, promueve la integridad y el juego limpio para todos, ofreciendo además definiciones más claras de muchas de sus reglas.
Los árbitros utilizan dos tipos de tarjetas para sancionar las infracciones durante los partidos. La más habitual es la tarjeta amarilla, que se muestra por faltas menores, como entradas imprudentes o conductas antideportivas. Una sola tarjeta amarilla constituye generalmente una advertencia formal y, dependiendo de la infracción, suele derivar en un tiro libre si la falta ocurre fuera del área penal del equipo infractor. Una segunda tarjeta amarilla en el mismo partido implica una tarjeta roja, lo que supone la expulsión inmediata del jugador y deja a su equipo con un futbolista menos durante el resto del encuentro.
La tarjeta roja se reserva para acciones más graves o violentas, como entradas peligrosas, escupitajos o el uso de lenguaje ofensivo o abusivo. Basta una sola tarjeta roja para ser expulsado del partido y recibir una suspensión de al menos un encuentro, la cual puede ampliarse según la gravedad de la infracción.
En el partido del 1 de julio entre Estados Unidos y Bosnia y Herzegovina, Balogun y Tarik Muharemovic disputaban un balón dividido cuando el delantero estadounidense aparentemente pisó con fuerza el tobillo de Muharemovic. Aunque Raphael Claus no señaló ninguna falta en ese momento, posteriormente fue alertado por uno de los oficiales encargados de revisar las imágenes. Tras revisar la jugada mediante el VAR, Balogun recibió la tarjeta roja y fue expulsado.
En la Copa Mundial de 2026 no existe un procedimiento formal para que los equipos apelen las sanciones derivadas de una tarjeta roja, aunque un comité independiente puede incrementar la suspensión más allá del partido obligatorio. Por ello causó sorpresa que el Comité Disciplinario de la FIFA suspendiera la ejecución de la sanción de Balogun y la sustituyera por un período probatorio de un año. Si Balogun comete “otra infracción de naturaleza y gravedad similares” durante ese período, la sanción volverá a ser aplicable y podría incluso ampliarse.
Para muchos, Balogun recibió una auténtica “tarjeta para salir de la cárcel”, una decisión que, según algunos comentaristas, no se veía en una Copa del Mundo desde principios de la década de 1960. El hecho de que la FIFA no ofreciera ninguna explicación sobre su decisión, unido al momento en que se produjo la conversación entre Infantino y el presidente Trump, parece socavar la política de transparencia del organismo.
Al final, todo se decidirá en la cancha
Esta no es la primera controversia relacionada con una tarjeta roja que enfrenta la FIFA durante la Copa Mundial de 2026. El capitán de Portugal, Cristiano Ronaldo, recibió en 2025 una suspensión de tres partidos por un codazo, lo que habría supuesto perderse los dos primeros encuentros de su selección en la fase de grupos de este Mundial. Sin embargo, también fue beneficiado con una “libertad condicional” bajo el Artículo 27, lo que le permitió competir.
Para una organización que afirma regirse por un Estado de derecho deportivo basado en la claridad y la igualdad de condiciones, la decisión de rehabilitar a Balogun sin ofrecer explicaciones después de que Infantino hablara con el presidente Trump ha llevado a muchos en el mundo del fútbol a considerar que las promesas de transparencia de la FIFA son lo único verdaderamente transparente en este caso. Si Balogun termina siendo una pieza clave en una victoria de Estados Unidos sobre Bélgica, es de esperar que las críticas y la indignación sigan creciendo.
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Adaptación de su original en inglés Soccer World Sees Red Over FIFA Ruling To Reverse U.S. Player’s One-Match Suspension After Call From White House
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