Condenada por asesinato… y en su sentencia culpa a su hijo

Por Kit Yona, M.A. | Traducido por Mariana Petersen, LLB | Última actualización 16 de mayo de 2025

La alocución permite a una persona condenada por un delito dirigirse al tribunal durante la audiencia de su sentencia. Para algunos, representa una oportunidad de expresar remordimiento, asumir responsabilidad, o pedir clemencia con la esperanza de influir en la decisión del juez.

Sin embargo, no todos utilizan este momento con el mismo propósito. En el caso de Melody Walker Farris, condenada por el asesinato de su esposo, la alocución se convirtió en una plataforma para lanzar una acusación inesperada: culpó a su propio hijo del crimen. La mujer —esposa, madre y abuela— esperó hasta ese instante final para hablar, pero su discurso, considerado por muchos como un desvarío, no logró conmover al tribunal.

El 5 de diciembre de 2024, el juez David Cannon Jr., del Tribunal Superior de Georgia, sentenció a Farris a cadena perpetua por disparar a su esposo y quemar su cuerpo. Además, se le impusieron cinco años adicionales por otros cargos. Así concluyó un proceso judicial que se extendió por casi seis años, en busca de justicia para Gary “Big Daddy” Farris.

No fue la típica barbacoa del 4 de julio

A pesar de tener cuatro hijos adultos, varios nietos y una granja de 10 acres como residencia, el acaudalado abogado de bienes raíces comerciales Gary Farris y su esposa Melody, estaban lejos de tener una relación idílica. Casados desde hacía 38 años, dormían en habitaciones separadas y Melody había mantenido relaciones extramatrimoniales. En 2018, mantenía una relación con Rusty Benton, vendedor de maquinaria agrícola de Tennessee.

El 3 de julio de 2018 fue la última vez que alguien afirmó haber visto con vida a Gary Farris. Tanto su esposa, Melody Walker Farris, como su hijo, Scott, aseguraron haberlo visto ese día, pero estaba claro que uno de los dos no decía la verdad.

Scott contó que regresó a casa al final de la tarde, tras pasar el día con amigos, y notó un resplandor proveniente del área de la propiedad utilizada como pila de quema. Por su parte, Melody declaró que había hablado con Gary antes de retirarse a su dormitorio en el sótano, y que él se disponía a salir a cenar.

El descubrimiento que lo cambió todo

No fue hasta el 5 de julio que la familia comenzó a sospechar que algo andaba mal. Los nietos, que estaban de visita, no lograban encontrar a Gary Farris por ningún lado. Alarmados, los familiares iniciaron una búsqueda en la propiedad. Fue entonces cuando Scott hizo un hallazgo estremecedor: restos óseos en la pila de quema.

En un principio, se pensó que Farris podría haber sufrido una emergencia médica mientras quemaba residuos de jardinería. Sin embargo, esa teoría se desmoronó rápidamente cuando el equipo forense de la policía descubrió una bala incrustada en una de sus costillas. La desaparición se convirtió oficialmente en una investigación por asesinato.

A partir de ese momento, la familia Farris quedó profundamente dividida. Scott y Melody comenzaron a lanzarse acusaciones mutuas. Scott, respaldado por dos de sus hermanos, señaló como posibles motivos el romance extramarital de Melody y su comportamiento agresivo hacia Gary. En contraste, Melody y su hija Amanda apuntaron a Scott como el responsable del crimen, destacando su formación militar, su acceso a armas de fuego y un supuesto motivo personal.

La tensión familiar creció mientras la investigación avanzaba lentamente. Casi un año después del hallazgo de los restos, las autoridades finalmente presentaron cargos formales contra Melody Walker Farris. Fue acusada de homicidio doloso, asesinato, agresión con agravantes, encubrimiento de la muerte de otra persona y declaración falsa.

Los sonidos del silencio

El arma homicida, una pistola calibre .38, nunca fue encontrada. Sin embargo, la evidencia forense fue contundente: una bala extraída del cuerpo de Gary Farris coincidía con una bala gastada hallada en la casa, y su sangre también fue encontrada en el lugar. Ante la ausencia del arma, los fiscales debían ofrecer una explicación creíble de cómo Melody Walker Farris, una mujer de 58 años y apenas 58 kilos, pudo haber transportado el cuerpo de su esposo —que pesaba alrededor de 135 kilos— unos 50 metros hasta la pila de quema. Con vehículos todo terreno y un tractor con pala disponibles en la propiedad, argumentaron que ella tenía los medios necesarios para hacerlo sola.

Los registros telefónicos confirmaron que Rusty Benton, la pareja sentimental de Melody, no se encontraba en la escena. Sin embargo, en una conversación telefónica el 4 de julio, él declaró que Melody le dijo: “Está en la pila quemada”. Aunque ella minimizó la relación, Benton admitió que estaban planeando casarse y que incluso habían estado comprando anillos de boda, soñando con una vida juntos una vez que ella dejara a Farris.

Cinco años después del asesinato, el caso finalmente llegó a juicio. La defensa de Melody intentó desviar la atención hacia su hijo Scott, presentándolo como un sospechoso viable. Sin embargo, Melody no testificó ni ofreció declaración alguna durante el proceso. Una de las pruebas más contundentes fue el movimiento del teléfono de Gary Farris el 4 de julio, cuando Melody era la única persona presente en la granja. Tras tres días de deliberaciones, el jurado la declaró culpable de todos los cargos.

Fue durante la fase de sentencia cuando Melody finalmente rompió su silencio. En lugar de mostrar remordimiento, arremetió contra Scott, alegando que él había asumido la culpa por lealtad a su madre. El juez tuvo que interrumpir su discurso antes de dictar sentencia.

Melody Walker Farris fue condenada a cadena perpetua por asesinato, con la posibilidad de solicitar libertad condicional en 30 años. Para entonces, tendría 94 años. Una boda con Rusty Benton, alguna vez soñada, parece ahora un destino improbable.

Versión original en inglés Convicted Spouse Killer Claims Her Son Is Actually the Murderer During Sentencing

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