Pelotón de fusilamiento falla en ejecución de reo en Carolina del Sur
Por Kit Yona, M.A. | Traducido por Mariana Petersen, LLB | Última actualización 2 de junio de 2025
El reo permanecía atado a una silla, con un blanco marcado sobre el pecho. Tres empleados de la prisión se encontraban a cinco metros de distancia, armados con rifles y pudiendo tomarse su tiempo para apuntar.
El fusilamiento, uno de los tres métodos de ejecución permitidos en el estado —junto con la inyección letal y la silla eléctrica— se presentaba como una alternativa rápida y relativamente indolora. Sin embargo, los hechos narran una historia muy distinta.
Mikal Mahdi, condenado a muerte en Carolina del Sur, fue ejecutado el pasado 11 de abril. Sus abogados describen el proceso como “torpe” y citan un informe de la autopsia que revela que solo uno de los tres disparos impactó en el corazón, provocando que Mahdi agonizara durante más de un minuto antes de fallecer. Los defensores también cuestionan la versión oficial, que sostiene que dos balas siguieron exactamente la misma trayectoria, y exigen una revisión exhaustiva del procedimiento.
Los abogados aseguran haber hecho públicos estos hallazgos con el consentimiento previo de Mahdi, quien autorizó la divulgación de cualquier irregularidad en su ejecución. Ahora, el caso plantea una pregunta crucial: ¿se violaron las protecciones constitucionales de la Octava Enmienda contra castigos crueles e inusuales? Y más aún, ¿debería Carolina del Sur reconsiderar el uso del pelotón de fusilamiento como método de ejecución?
Una elección sin buenas opciones
La vida de Mahdi, según todos los indicios, estuvo marcada por la violencia. Condenado a cadena perpetua por el asesinato de un dependiente de una tienda en 2004, fue otro crimen —el homicidio de un agente de policía fuera de servicio— el que finalmente le valió la pena de muerte en Carolina del Sur.
Durante años, Mahdi permaneció en el corredor de la muerte, no por falta de sentencia, sino porque el estado carecía de un método legalmente viable para ejecutar la condena. Aunque la inyección letal estaba permitida, la escasez de los fármacos necesarios, junto con la incertidumbre sobre las dosis adecuadas y una moratoria federal, impidieron que se llevaran a cabo ejecuciones.
Con la administración Trump impulsando la reanudación de las ejecuciones federales, el tiempo de Mahdi comenzó a agotarse. Sus apelaciones fueron rechazadas una tras otra y cuando quedó claro que su ejecución era inminente, Mahdi se vio obligado a elegir entre tres métodos: inyección letal, silla eléctrica o un pelotón de fusilamiento. Optó por este último.
Carolina del Sur había reanudado recientemente las ejecuciones por fusilamiento poco más de un mes antes de la de Mahdi. Brad Sigmon fue el primero en morir de esta forma en décadas, tras recibir tres disparos en el pecho. Sin embargo, según los abogados de Mahdi, su ejecución no fue tan rápida como la de Sigmon.
Un disparo difícil
Los testigos presentes en la ejecución declararon que Mahdi pareció seguir respirando durante aproximadamente 80 segundos tras recibir el disparo. A los 45 segundos, emitió dos gemidos de dolor, lo que sugiere que no perdió la conciencia de inmediato. Carolina del Sur contrató a la misma empresa forense para realizar las autopsias, tanto de Mahdi como de Brad Sigmon. En el caso de Sigmon, el informe incluía múltiples fotografías que documentaban los daños internos con fragmentos de bala en varios órganos y una imagen que mostraba tres heridas de entrada distintas, todas cerca del corazón.
En contraste con el caso de Sigmon, la autopsia de Mahdi solo incluyó una única fotografía que mostraba dos aparentes heridas de entrada en la parte inferior del pecho. Un patólogo independiente contratado por los abogados de Medhi, concluyó que probablemente permaneció con vida durate al menos un minuto y con un dolor insoportable. Esta conclusión contradice directamente el fallo del Tribunal Supremo de Carolina del Sur, que en 2024 dictaminó que el fusilamiento no constituía un castigo cruel e inusual, ya que el sufrimiento no debía prolongarse más de quince segundos.
Los abogados de Medhi también expresaron su preocupación por la aparante ausencia del tercer disparo. La grabación de la ejecución no muestra evidencia de que alguno de los tiradores hubiera fallado. En estados como Utah, uno de los miembros del pelotón de fusilamiento recibe al azar una bala de fogueo. De este modo, ninguno de los participantes puede estar completamente seguro de haber disparado una bala letal. Sin embargo, en Carolina del Sur, todos los tiradores utilizan munición real, lo que elimina cualquier duda sobre su implicación directa en la muerte del condenado.
Demasiado tarde para uno, pero no para otros
El Departamento Correccional de Carolina del Sur (SCDC) sostiene que la ejecución se llevó a cabo conforme al protocolo y que los dos disparos entraron por la misma herida. Sin embargo, los abogados de Mahdi presentaron pruebas contradictorias ante el Tribunal Supremo estatal, con la esperanza de demostrar que el SCDC incumplió los procedimientos establecidos y que la ejecución fue mal realizada.
Desde que se reanudaron las ejecuciones en septiembre de 2024, Carolina del Sur ha llevado a cabo cinco, y aún quedan 28 reos en el corredor de la muerte. Todo abogado penalista tiene como objetivo evitar o, al menos disminuir la severidad de la sentencia. Aunque ya no pueden hacer nada por Mehdi, sus abogados esperan que su caso sirva para reducir el sufrimiento de quienes aún esperan su destino final.
Versión original en inglés: Did South Carolina Miss the Mark During an Execution?
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